REVIEW - 7x18 Karma

Hola a todos, vuelve la sección reviews, esta vez con algo de retraso (ha sido una semana ajetreada). Como de costumbre, recordar que si alguien no ha visto el capítulo de esta semana, lo tiene disponible en nuestra sección de descargas, esta vez con visionado online incluido.




Antes de comenzar con el análisis del capítulo, comentar un detalle que ya ha mencionado más de uno aquí en la página, y es que los hijos de Ted parecen mucho más creciditos en este episodio ¿verdad? ¡Cómo se nota que llevan 7 años ya escuchando a su padre! 


 
El capítulo anterior nos dejó a Ted viviendo solo y aparentemente liberado de esa lejana esperanza de acabar con Robin, igual que Barney, que también parece haber olvidado a la canadiense en el plano amoroso. Sin embargo, ninguno de los dos van a afrontar los tiempos felices y tranquilos que parecía. Por un lado tenemos a Barney obsesionado con el nuevo fichaje de la serie, Quinn (alias Karma), y por otro a Ted con una habitación vacía en casa que apenas se atreve a abrir. Pero vayamos personaje a personaje.

Empecemos por ese nuevo Barney de los útlimos capítulos. Ya desde que apareciera Nora, Barney empezó una transformación en romántico empedernido, al más puro estilo Ted, pero parece que con Quinn ha llegado a la cumbre de este cambio. Habiendo estado con ella una sola vez, ya no puede evitar ver su cara en todas partes, y aunque lo justifique al estilo más clásico de Barney (“Mind-blowing sex”), este enamoramiento desde el minuto 1 es más propio del narrador de la serie. 


Por primera vez, vemos a Barney de víctima, siendo objeto de las típicas tretas que él mismo lleva 7 temporadas usando con la infinidad de chicas que han pasado por su cama. Sorprende ver como, al averiguar que Quinn es Karma en el club de striptease, Barney llegue a la conclusión de que es el destino lo que les ha hecho coincidir, que todo es una señal romántica del universo, puro estilo Mosby. Pero más sorprendente aún es ver como Karma va sacando todo su dinero a un Barney que no hace más que babear pensando que realmente están teniendo conversaciones bajo la atenta mirada de un mánager que no permite desperdiciar un momento a la chica y citas en el reservado del club. Aun así, Quinn no es del todo una mala persona, y después de que Barney se dé cuenta de que lo está usando y se la encuentre por casualidad en una cafetería, la bailarina de striptease demuestra que recuerda las cosas que Barney le ha estado contando, y decide tomarse con él un café, conmovida por la frase “Casi todas las mujeres que he conocido se equivocaron dándome una oportunidad, tú eres la primera que se equivoca al no dármela”. Tenemos pues a un nuevo Barney, romántico como Ted y absorbido por Quinn, quien parece estar abriéndole un poco la puerta ¡todos los pro Barney-Robin a los que no os gustaba Nora ya tenéis nueva víctima!

Sobre Robin, se muda a Long Island con Lily y Marshall, que viven en una extraña rutina pre-paternal muy propia de una pareja de jubilados. Robin comienza a registrar todo este comportamiento en un diario que le regala Lily, a la manera de un antropólogo que se va a vivir con una tribu de la Polinesia. Si alguno de vosotros es un fan de las aventuras gráficas como yo, seguramente os haya venido a la cabeza el comienzo de “The Curse of Monkey Island”. El problema llega cuando Robin empieza a sentirse atrapada en Long Island, y ve frustado por Lily, que mancha toda su ropa, su intento de irse a casa de Patrice, sin duda la nueva joya cómica de la serie. 



En un último intento de escapar de ese mundo de “batamantas” (seguramente la mejor traducción que se le puede dar en español), Robin es sorprendida por Mashall y Lily, quienes se sinceran con ella y le cuentan que a ellos tampoco les gusta Long Island, que viven allí por el bebé, aunque Robin no cree que ese ambiente sea el mejor para criar a un niño si los padres no son felices. 

En cuanto a Ted, no para de intentar llenar la habitación de Robin con disparatadas aficiones, desde ahumado de carne a cerámica, pasando por carpintería, pero no para de ser visitado por el fantasma de Robin que parece sobrevolar el cuarto. Ted se niega a montar un cuarto de invitados para no sentirse aún más solo, hasta que finalmente recibe de la visita de la Robin de carne y hueso, que le cuenta su aventura por Long Island, lo que sin duda desencadena la decisión más trascendentes del episodio. 



Lily y Marshall acuden a la llamada de Ted, en teoría para salir a tomar algo, y se encuentran con una enorme sorpresa: Ted se ha ido, ha borrado su nombre del contrato de la casa y ha dejado sólo los de Marshall y Lily. Parece que su bebé crecerá en el que hasta ahora ha sido escenario central de la serie. 



Bajo mi punto de vista este ha sido un “capítulo bisagra”,es decir, ha habido avances, pero más bien se han puesto las cosas en el lugar donde deben estar para un mayor desarrollo de la historia en los próximos capítulos. Tenemos a Robin y Ted buscando nueva casa, a Barney y Quinn empezando a dar pie a algún tipo de relación, y a Lily y Marshall de vuelta en Manhattan

De cara al resto de la temporada, parece que Ted va a vivir un absoluto comienzo desde cero, después de librarse de la “maldición” de Robin y del escenario de casi 10 años de vida, yo al menos estoy deseando ver que le espera al protagonista a partir de ahora, sin casi ningún referente del pasado al que agarrarse. ¿Y vosotros que opináis?

1 comentarios:

Anónimo dijo...

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