REVIEW - 7x19 The Broath


Volvemos con la sección Reviews. Como de costumbre, quien no haya visto el capítulo puede hacerlo desde nuestra sección de descargas.


En el capítulo de esta semana hemos vivido algunos momentos de tremenda relevancia para el transcurso de la historia, especialmente en los últimos minutos.
Tras los sucesos de la última semana, encontramos a Barney empezando una relación con la stripper Quinn, a Marshall y Lily viviendo en la casa de encima del MacLaren's, y a Ted y Robin en un momento de tensión mutua, tras tener que dejar de compartir casa, e irse él a una residencia universitaria (con unos vecinos come-bocadillos que recuerdan mucho a alguien, aunque los años de nuestro protagonista no le permiten verlo) y ella a casa de Patrice, cuyas apariciones siguen siendo breves pero intensas.


Cuando las cosas entre Barney y Quinn parecen ir funcionando, llega el momento de presentarla oficialmente al grupo, que desconoce su doble vida como Karma. El único que esta al corriente del asunto es Ted, por lo que Barney le hace jurar (por el ancestral rito del “Broath”) que no contará nada, lo que basta para que se lo diga a todo el grupo, al más puro estilo de los secretos que Lily no sabe guardar, así que la presentación de Quinn se convierte en toda una evaluación que no logra superar al mostrarse excesivamente controladora, además de desencadenar una batalla entre Ted y Robin al decir que se va a vivir con Barney y pone su piso en alquiler.

En vista de la situación, el grupo decide llevar a cabo una intervención (o Quinntervención) para avisar a Barney de que está llendo muy rápido y Quinn se aprovecha de él, pensando que los billetes del viaje a Hawai que encontró Lily en casa de Quinn los había pagado Barney. Pero no era así, y la Quinntervención termina con una pelea entre Barney y Quinn.


Esta pelea parece dejar destrozado a Barney, por lo que el grupo le pide disculpas, y cuando son obligados a jurar un extrañamente homoerótico “Broath”, aparece Quinn desvelando que su actitud controladora, el viaje a Hawai y la pelea eran solo un montaje ideado por la pareja, aunque al final lo de irse a vivir juntos sí que es cierto. Después de esto, parece que Barney y Quinn están hechos el uno para el otro, compartiendo ese gusto por hacer bailar como marionetas a quien se propongan.

Como escena final entre Barney y Quinn, presenciamos una interesantísima conversación sobre el momento de dejar el Striptease, que termina con un lapidario “Lo dejaría si me casara”, al que Barney parece responder con una inquietante cara de “Challenge Accepted”

Pero esta insinuación de Quinn no es lo único que nos deja el capítulo de cara al final de la tenporada, ya que Ted y Robin, tras pelearse por el piso de Quinn, mantienen una sincera conversación sobre la situación de tensión por la que están pasando, y tras ésta, ya en el bar, Robin le cuenta a Ted que ha sido ascendida, así que se irá a vivir a un piso en la zona de Central Park. Aunque lo que de verdad llama la atención de la escena no es precisamente el brindis de Ted y Robin por volver a la normalidad, si no la voz en off, esa voz en off del Ted del futuro que tantas veces ha conseguido con una sola frase que el corazón se nos salga por la boca, y que vuelve a las andadas con un terrible “no nos volveríamos a ver en mucho tiempo” justo cuando Robin se despide de Ted y sale del MacLarens.

Como detalles humorísticos, me han encantado las “hazañas sexuales” de Marshall y la lección de “falsa historia” de Barney sobre la vida de César y los ninjas de Bro-tus.


Ahora nos queda esperar de nuevo varias semanas hasta el próximo capítulo, por culpa de esos molestos parones de la CBS, y con dos inmensos interrogantes en el aire: ¿Es Quinn la novia de la boda que cerrará la temporada? y ¿Qué pasa ahora con Robin? Se admiten apuestas.

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